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Modos de Cooperar con los Maestros para Beneficio del Niño

Conozca al maestro de su hijo.

Preséntese usted mismo al maestro del niño en cuanto empiece el semestre. Esto es especialmente importante en la escuela primaria, pero este contacto personal siempre ayuda en los grados superiores.

Cuéntele al maestro sobre la familia y sobre el niño, y sobre cualquier meta especial que tenga para el año escolar. Comuníquele sus deseos de cooperar si surge algún problema. La mayoría de las aulas tienen teléfono hoy en día. Si no puede visitar personalmente al maestro, llámelo por teléfono antes o después de las clases.

Averigüe cuál es la mejor manera de comunicarse durante la semana escolar. ¿Por e-mail? ¿Por teléfono? ¿A través de una nota? ¿Cuál es la mejor hora para verse? El maestro de su hijo sabrá apreciar una conversación honesta sobre sus preocupaciones.

No espere que el maestro pase más tiempo de lo razonable con su hijo.
Trate de ponerse en el lugar del maestro –un educador de escuela primaria puede tener 25 alumnos, cada uno de ellos es diferente y necesita atención individual, o un maestro de escuela superior, que puede enseñar a más de 100 alumnos en varios períodos de clases. Imagínese lo que tiene que ser tener tantos estudiantes que necesitan de su atención.

Asista a las reuniones de padres.
Lleve preparados las preguntas y los comentarios. Si su niño se siente feliz en la clase, ¡dígaselo al maestro! Coméntele cualquier problema que su hijo le haya mencionado. Tome notas, para que pueda hablarle a su hijo sobre la reunión.

Lea todas las comunicaciones que le envíe la escuela, y responda a tiempo cuando se requiera.
Ayude a los maestros devolviendo lo antes posible las solicitudes que requieren su permiso o las notas que requieren su firma.

Trabaje en equipo con su hijo para ayudarlo a estudiar.
Pregúntele al maestro si puede ayudar de alguna forma a que el niño mejore en la escuela. Si hay confusión en cuanto a algún trabajo o proyecto, llame al maestro por teléfono para que le ayude. Deje que el maestro sepa de su interés en el progreso del niño o la falta de él. La mayoría de los maestros están ávidos de que sus alumnos salgan adelante, y agradecen todos los esfuerzos que usted haga en ese sentido.

Si surgen problemas, no culpe al maestro, al niño ni a usted –dedíquese a resolver el problema.
Enfóquese en la solución del problema. Disgustarse con el maestro no es lo que más favorece al niño. A menudo, una conversación entre el maestro, el padre y el niño ayuda a encontrar la solución. En vez de ponerse al lado de su hijo y en contra del maestro, conozca toda la historia y coméntela con una tercera persona, quizás una persona amiga o un familiar.

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Si tiene tiempo, ayude en la escuela.
La mayoría de las escuelas tienen voluntarios que ayudan a la hora del almuerzo, en la oficina o en el aula. Muchas escuelas están comenzando nuevos programas que utilizan los conocimientos o habilidades de los padres. Estar algún tiempo en la escuela le ofrece la oportunidad de observar a su hijo en un entorno diferente y le permite entender mejor las normas de la escuela.

Piense en la posibilidad de aspirar a la junta escolar o de participar en las decisiones del sistema escolar.
¿Tiene la escuela una organización de padres y maestros, un currículo o un comité de normas, o actividades para los alumnos que necesiten la participación del padre o de la persona que atiende al niño? Usted puede comenzar a participar y, al mismo tiempo, ayudar a la escuela, ya sea poniéndose de acuerdo con otros padres para turnarse llevando a varios niños en el auto, cuidando a los niños en las excursiones, o apoyando las actividades de la banda escolar.

Mantenga el sentido del humor en todos los aspectos escolares.
No se olvide de reír… El día escolar está lleno de incidentes simpáticos. Comparta las historias de su experiencia en la escuela. Ríase cuando su hijo le cuente sus chistes; seguro que lo va a apreciar y también va a aprender de ello.

Reír y aprender –¡el mejor pasaje para el futuro feliz y exitoso de su hijo!

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Dar, a Compartir y a Preocuparse por los Demás.

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